jueves, 29 de diciembre de 2022

 CUENTO  TERRORÍFICO UNO: Big Crunch

El big crunch es la teoría de la física astronómica que afirma que así como ocurrió hace catorce mil años una gran explosión conocida como big bang que hizo aparecer y expandirse al universo en el que habitamos, en algún momento esa expansión que aún está en curso, se detendrá y se producirá el movimiento contrario. Así, con el comienzo del big crunch, el universo empezará a contraerse en un lento pero irreversible proceso, hasta que se haga tan pequeño que será contenido en una ínfima partícula similar a la que existía antes del big bang volviendo de cierta manera todo al inicio. Esto era lo que el profesor Guillermo Monge de física les explicaba a Héctor Moretti y el resto de las y los estudiantes del tercero medio A del Instituto de Humanidades Luis Campino de Providencia ese caluroso Viernes de finales de Octubre en la última hora de clases. Era por supuesto una pena que cosas tan importantes y asombrosas de esas que valen la pena de ser escuchadas y aprendidas en el colegio, tuvieran que coincidir con la última hora del último día de la semana, cuando la atención del estudiantado adolescente, difícil siempre de captar, lo era particularmente en esa mezcla de desfavorables circunstancias ambientales. 

-Si al menos uno de todo el grupo pudiera dimensionar la hermosura y misterio de lo que acabo de decirles-pensaba el profesor Monge con un evidente dejo de fatiga y tristeza en su rostro mientras consignaba el acta de la sesión en el libro de clases. 

- Si el profesor Monge supiera lo mucho que me interesa y me intrigan estos temas y la pasión con la que los enseña, si me atreviera a decírselo alguna vez, lo mucho que lo admiro aunque nadie le tome atención-pensaba Héctor Moretti con angustia adolescente mientras tomaba apuntes desde su pupitre a lo que decía el maestro. 

-Si Moretti supiera que es el único que me irrita que me ponga atención, a pesar de que sea el único que lo hace… pero no puedo decirle algo así a un estudiante… -pensaba el profesor. 

Sonó el timbre de salida y todos con sus mochilas listas desde hacía varios minutos volaron raudos de la sala dejando sillas y bancos desparramados a su paso como si el sonido de esa campana estableciera el límite entre el letargo y la vitalidad juvenil. Solamente Moretti quedaba en el aula terminando de guardar con parsimonia el cuaderno y el estuche en su mochila. 

-Que apasionante este tema del big crunch profesor Guillermo- Se animó a decir Moretti al profesor que iba saliendo de la sala.  El docente cruzó con apuro el portal de la entrada y se hizo el desentendido. 

-Debe pensar que soy un idiota- Pensó Moretti con tristeza y la cabeza gacha. 

-Moretti de Mierda, es tan idiota- pensó el docente mientras caminaba con prisa por el pasillo. A su paso el maestro cruzó una mirada con Juan Nazarala de primero medio, de esas miradas que cobran de solo conectarse, conversaciones pendientes, dolorosas deudas esperando ser alguna vez cobradas. Pero ha decir verdad, no había cosa alguna por ser zanjada entre Juan Nazarala y el profesor Monge. De hecho, ni siquiera se podría asegurar que hubieran cruzado realmente sus miradas, y si lo hicieron fue posiblemente con total indiferencia. 

-No tengo nada pendiente con ese alumno-  Se dijo el profesor Monge con convincente seguridad. 

-He cruzado miradas con el profesor Monge con total indiferencia- Pensó Juan Nazarala mientras ajustaba en sus oídos los auriculares Bluetooth de su mp4. 

Moretti salió del colegio acompañado como todos los Viernes de Rodrigo González del segundo medio B, su amigo y vecino de departamento con quien solían darse algunas vueltas por las tiendas de anime del Portal Lyon después de clases. Partían por Shazam, subían después a Toy Box para actualizarse en figuritas articuladas, continuaban en Cine Adicción, seguían por Crazy All Comics, Okasan Store, Libro aventura y terminaban en Propia Records. A Rodrigo le gustaba también pasar a Mari Juana. No era una rutina explícitamente fijada pero prácticamente seguían la misma cada semana matando las tardes de Viernes antes de regresar a casa y  también cuando ocasionalmente hacían la cimarra. -

-Es power esto del big crunch- Le dijo de repente Moretti mientras caminaban por Providencia hacia el oriente. 

-¿El que?- 

-El big crunch, que el universo se va a achicar hasta terminar siendo un punto, lo vimos hoy en clases… 

-Ah eso… si, he visto algo de eso en youtube 

-¿Estará pasando ahora? 

-¿Qué cosa?

-El big crunch

-Quien sabe- dijo Rodrigo mientras se ponía un cigarro en la boca- una vez leí en un blog, o a lo mejor fue en youtube, no me acuerdo, que había habido caleta de bigbangs y que ahora puede que estemos viviendo lo mismo que… Porque todo se repite de nuevo… cachai, y que por eso vienen los dejavu… 

-Claro… los dejavu… tiene sentido… 

-Yap, mucha filosofía, piquémosla al portal mejor, supe que…. 

-Yo creo que paso por hoy hermano- Interrumpió Héctor-Me duele la cabeza, el calor debe ser, me voy a tirar un rato a la cama yo creo. Hablamos más rato igual por WhatsApp. 

-Vale como quieras, hablamos. 

Moretti tomó el metro en Pedro de Valdivia hasta la estación Universidad Católica en dirección a su casa, un departamento en el décimo piso de una de las torres de San Borja. En el metro el dolor de cabeza había aumentado significativamente. Era ya insoportable entrando al edificio. Bajando del ascensor, apenas alcanzó a cerrar la puerta del departamento de la terrible cefalea. Sacó una tira de aspirinas del botiquín del baño de su madre, y se echó a la boca dos pasándolas con agua del lavamanos que vertió en el vaso para enjuagarse los dientes. Entró a su habitación, cerró la puerta y se tumbó en la cama sin sacarse los zapatos. El dolor no daba tregua. Era además un dolor extraño, no era la sensación típica de bombeo estridente en que el cráneo pareciera que fuera a reventar en cualquier momento. Más bien era una terrible sensación de contracción, como si la nuca se estuviera… ¿achicando?... ¿absorbiendo hacia adentro?... ¡Dios mío! , ahora lo comenzaba a sentir un poco en sus extremidades, en los dedos de los pies, de las manos, en sus genitales… ¡en todo el cuerpo! Quería no creer que le estaba pasando… pero lo estaba. Le había tocado a él. No había ninguna duda. Estaba en proceso microcósmico de contracción. Estaba padeciendo el big crunch. El dolor lo hizo quedarse dormido, o quien sabe, a lo mejor desmayarse tumbado en la cama. Como fuera, no supo de nada hasta que se levantó al otro día. 


Diez am del Sábado. Sentía el olor a café y pan tostado desde su habitación. Su madre estaba tomando desayuno en el comedor. Saltó de su cama incorporándose,  se apresuró a palparse la cabeza y ¡Mierda!, ¡Por la Mierda! Corroboró en el espejo detrás de la puerta del closet la terrible sensación que había tenido al tocarse la nuca. Como lo suponía, su cabeza era ya del porte de una pelota de tenis, salvo sus pronunciadas orejas y su nariz aguileña que se mantenían de tamaño normal. Ante la insistencia de su madre a que se levantara a desayunar, salió de su habitación. La mujer sentada en la mesa del comedor sosteniendo el diario en su mano lo miró con cara de espanto. 

-¡Hijo, qué pasó!, ¿Por qué llevas puesto el uniforme? ¿te dormiste con el uniforme ayer? 

- Si creo que sí, es que no me sentía muy bien anoche y me quedé dormido en la cama cuando llegué y no supe más hasta hoy- Le dijo a su madre mientras se restregaba los ojos en un rostro apenas visible en esa diminuta cabeza. 

- ¿Te sientes mal? ¿Qué te pasa? ¿Estás enfermo? 

- No se, no creo, lo que pasa es que creo que me está dando big crunch-. Dijo mientras se sentaba a la mesa rascándose la oreja derecha. 


-Mmm. Su madre lo miró fijamente al tiempo que tomaba un sorbo de su café con leche. La comunicación entre ambos no solía ser en realidad de lo más fluida. Pero ante el evidente problema, la mujer intentó dar señales de preocupación dentro de la escueta dinámica materno filial que tenían. 

- Bueno Héctor, si necesitas algo, no sé, ir al doctor, me avisas. 

-Si, ok. 

- Si bueno, y cuando termines el desayuno, sácate el uniforme y déjalo en la lavadora, no te olvides. 

-Ok mamá. 

Por la tarde se pasó al departamento de Rodrigo para conocer el material de animé que había comprado su amigo y vecino el día anterior en el Portal Lyon. Les gustaba ver en DVD las  películas adquiridas, que a estas alturas resultaba un ejercicio tan nostálgico cómo escuchar discos de vinilo. Comenzaron por un sórdido film hentai de porno japonés escolar que el joven  había comprado, un placer culpable que solía gratificar mucho a Rodrigo. Como solía ocurrir en esas tardes de animé, el adolescente se bajó el cierre del pantalón y mirando las ardientes japo animaciones en la pantalla de su notebook comenzó a hacer lo suyo. A Moretti la peli también lo puso un poco y comenzó a hacer lo propio. Al voltear de repente el rostro hacia su amigo, Rodrigo se sorprendió. 

-¡Weon!, ¡¡porqué no tenís pichula!! – 

-No si tengo, pero casi no se ve, es que me está dando big crunch. 

- ¿De nuevo? 

-¿Cómo de nuevo? 

-¿No te había dado ayer cuando salíamos del colegio? 

- No weon, ayer te dije que lo habíamos pasado en clases, te tiene mal la weed parece- Rodrigo introduce su miembro en el pantalón y se pone a enrolar un caño. Lo prende y aguanta una bocanada profunda. Héctor también se sube el cierre. 

- Bueno y ¿qué pensai hacer?- Le pregunta Rodrigo mientras suelta el humo mirando al horizonte. 

- No sé. Mi mamá me dijo que derrepente podría ir al doctor. De hecho hace un rato caché que me mandó un mensaje por WhatsApp avisando que me había conseguido una hora pal Lunes en la mañana-. 

-Piola igual faltar a clases el Lunes, ojalá te den licencia por varios días- Fuma de nuevo y le ofrece a su amigo. 

-No, gracias. Y no, no creo que me den licencia. Tampoco quiero tomarme. Sobre todo ahora que estamos viendo este tema del big crunch con el profe, y que además me está dando. 

- ¿El profe te está dando? 

-No weon, big crunch, eso me está dando. Por eso la pichula y mi cabeza de este porte, y las manos y los pies, también se me están achicando… 

- Jaja… si sé si te estoy hueveando nomas jaja- Tomó otra bocanada mirando al infinito y reflexionó en voz alta mientras aguantaba el humo- Big crunch… La tremenda volaita… -

El Lunes Moretti llega puntualmente a la hora solicitada por su madre en el centro médico en la calle Pedro de Valdivia. Su cabeza estaba ya del porte de una pelota de ping pong, aunque con sus pronunciadas orejas y nariz aguileña aún en tamaño normal. El tronco y su torso se habían comprimido un poco, pero lo que más se había empequeñecido eran sus piernas y brazos. Estas, de no más de treinta centímetros, apenas podían sostener el cuerpo en equilibrio y los brazos parecían esos flaquitos de un tiranosaurio rex. 

-Pase, pase… . ¡¡Pase pues hombre!! 

-¿Doctor Niklitschek ?

-Así es, soy yo. Alejandro Niklitschek, éste es el box. ¿Dónde está usted?

-Estoy aquí adentro doctor. 

-¿Cómo adentro?, No lo veo,  ¿donde está? 

-Aquí abajo, es que no me puedo sentar en la silla. Me está dando big crunch. 

-Ah ok si, ya lo vi. Sí, me dijo la secretaria que su madre pidió la hora un poco preocupada. Cuénteme qué le ocurre. 

-Eso que le dije. Me está dando big crunch. 

-Mmm, ya veo. El médico comenzó a rellenar el formulario con la anamnésis digital de rigor en su computador. – Bueno dígame, ¿alguna enfermedad hereditaria en su familia? 

-No que yo sepa. 

-¿Operaciones previas? 

-Me operaron de apendicitis. 

-¿Cuándo? 

-A los diez creo que fue.


-Alguna otra operación 

-Ninguna otra. 

-¿Síntomas como vómitos o dolor de cabeza? 

-Vómitos no. Dolor de cabeza desde que se me empezó a achicar. 

-Ok, ok. Bueno. Vamos a prescribir reposo y un relajante muscular. Tomar bastante líquido también. ¿Va al colegio? 

-Si. 

-¿Desea licencia? 

-No, no es necesario. 

-Ok, de todas formas trate de descansar hoy. Y como le dije, bastante líquido. Aquí la receta para que compre el relajante en la farmacia. 

El Martes antes de entrar a clases, Moretti fue abordado por Alfonso Herrera,  el psicólogo del colegio, para decirle que fuera a las nueve y treinta a su oficina. Moretti llegó a la hora acordada al despacho del profesional. Su cuerpo a esas alturas, era no más alto de un metro y del grosor de un palo de escoba. Las orejas pronunciadas y la nariz aguileña se mantenían de tamaño normal. 

-Hola Héctor, gracias por interrumpir sus clases para venir. 

-No se preocupe. 

-¿En qué clase estaba a todo esto?

-En clases del electivo de arte con el profesor Gómez. Nos estaba mostrando unos PPT con sus cuadros y explicándonos cómo interpretarlos artisticamente.

-El profesor Fernando Gomez, sí, perfecto he ido a ver sus cuadros a algunas de sus exposiciones. Gran artista.- dice con convicción el psicólogo.

-Sí, es muy seco.

-Si bueno, tome asiento no más. 

-Prefiero estar parado mejor. Es que me complica intentar subirme a la silla así como estoy. 

-Si ok, como quiera. Bueno, no le quiero quitar tanto tiempo para que pueda volver pronto a sus clases de arte. El motivo de llamarlo era para saber un poco como ha estado usted últimamente. 

-En general yo creo que bien. Excepto claro por esto del big crunch que me tiene así. 

-Mmm.. Entiendo, entiendo- El psicólogo miró unos instantes a un punto fijo mientras pensaba y se tocaba los labios con su lápiz. 

-Bueno Héctor, este es un colegio bastante grande y a uno como psicólogo le encantaría tener más tiempo con cada estudiante para poder ir dando un acompañamiento como es debido en estos tiempos donde ser adolescente no es nada fácil. Por desgracia como le digo, son muchos. 

-Si tranquilo se entiende. 

-Si bueno, pero a pesar de esas limitaciones, eso no significa que no estemos pendientes o no nos importe usted. Quiero que lo sepa, nos importan y tratamos de estar atentos a todo el estudiantado. 

-Si, si sé, si yo veo que se preocupan. 

-Si, así es, nos preocupamos. Cualquier cosa que necesite, sepa que cuenta con el equipo de salud mental del colegio. Téngalo en cuenta. 

-Gracias, lo voy a tener en cuenta, profe, psicólogo… 

-Alfonso, tranquilo, dígame Alfonso nomas. Y bueno, no le quito más tiempo para que pueda retornar a sus clases con el profesor Gomez. 

-Bueno, gracias Alfonso, nos vemos. -

-Nos vemos, que estés muy bien. 

Al mediodía en clases de física, el profesor Monge parecía querer desquitarse de la desatención del curso el Viernes anterior y llamó a interrogación oral sorpresa al iniciar la sesión. 

-Hector Moretti, Ana Andaur y Karin Krugger,  ¡Pasen adelante!, interrogación con nota al libro acerca de la clase anterior. 

- Es que no puedo pasar profe. 

- ¿Cómo que no puede pasar Moretti? ¡¡Y dónde está señor Moretti que no lo veo!!! 

- Aquí en mi puesto profe. Es que no me va a poder ver, me está dando big crunch desde el Viernes. Estoy del porte de un átomo ahora, no creo que pueda pasar a interrogación así. 

-  ¿Y las orejas y la nariz? 

- No se, no se achican. 

-Bueno, bueno, bueno, no sé…no me interesa. Hay interrogación Moretti, ¡tiene que pasar! 

-No en serio profe, si fui al médico ayer y todo. 

-Mmmm… Ok Moretti ok, pero queda pendiente su interrogación oral para el Viernes empezando la clase a las dos ah? Sin falta. Aquí desde la vuelta a las clases presenciales post pandemia mucho millenial merenguito que se enferma a la primera que agarra un aire o que… 

El docente no pudo terminar la frase. Súbitamente, Moretti explota en un colosal big bang expandiendo una senda y terrorífica onda energética que desintegra la más remota existencia de todo a su paso. Solo se alcanza a escuchar una ahogada voz humana, probablemente la última de la que el cosmos sería testigo… 

  • Moretti de Mierda…es un imbécil… pero no le puedo decir eso a un estudiante-.

 CUENTO TERRORÍFICO CUATRO. Encuentro en el metro.

Justo a tiempo logró entrar al vagón del metro en la Estación Tobalaba. Nelson Del Canto iba retrasado a dar sus clases de literatura de los Miércoles. No tan atrasado como para perder la autoridad moral   de exigirles puntualidad a sus pupilos de primer año, pero sí lo suficiente como para tener que acelerar demasiado el primer módulo de clase. Recuperado el aliento después de que se cerraron las puertas, se dispuso a buscar en su celular alguna lista de música adecuada para su camino cuando de repente escuchó una voz al tiempo que alguien le tocaba el hombro.




-Nelson Del Canto, que sorpresa encontrarte. ¿Cómo estás tú? 

Del Canto se voltea y se encuentra de frente con Vial, ex compañero de colegio a quien posiblemente no veía desde la ceremonia de graduación, o a lo mejor desde la fiesta de graduados, perdió un poco la noción de cuál había sido primero, si la ceremonia o la fiesta, y daba lo mismo en todo caso. Y también daba lo mismo si habían pasado, uno, cinco, diez o treinta años de no ver a este tipo. Si hubieran sido quince, con gusto hubiera esperado que después de esos ingratos minutos ojalá pasasen otros quince más antes de volvérselo a encontrar.

-Soy Rugerio Vial, del colegio, ¿no te acordai de mí?

Metro anunciando Estación Los Leones. Claro que se acordaba. Cómo no hacerlo. Se acordaba lo suficiente como para que sintiera como deja vu de tiempos pasados, que el inicio del día se le había estropeado, cómo si no le hubiera bastado a ese conchesumadre de Vial echarle a perder tanta mañana junta en la básica y en la media con sus bullying crueles, sus paipes cuando se estaba quedando dormido sobre el escritorio durante la primera hora y tantas otras cosas con las que lo ridiculizó.  Parecía cómo si alguna mañana de ese pasado se le viniera encima, cómo si  hubiese quedado pendiente y Vial la viniera a saldar ahora, justo ahora, más encima cuando ni siquiera estaba preparado para encontrárselo.  Un sabio refrán dice que se te puede olvidar el nombre de una persona, su cara o lo que te dijo, pero jamás cómo te hizo sentir. No importaba si pasaban cien años de ver a Rugerio Vial, su presencia siempre sería para Nelson sinónimo de sentimientos negativos, ansiógenos y profundamente desagradables.

-Buena Vial, si claro que me acuerdo, que tal compadre, años de no verte, cómo va todo.

- Todo bien, aquí camino a la pega en metrito como cualquier plebeyo nomás. Tengo el auto en el taller.

Metro abre sus puertas en Pedro de Valdivia. “Como cualquier plebeyo”, me está hueviando este gueon transpirando arribismo. ¡Como cualquier plebeyo! Si algo bueno tenía ese funesto encuentro era poner las cosas en su lugar,  en un increíble orden, tener claro de qué mundo había logrado liberarse para siempre, cuál era esa vida paralela que le hubiera tocado de seguir el camino de huevones cómo Vial y todo el resto del séquito de zorrones de su odiado colegio, ¡cómo cualquier plebeyo! Bueno, como plebeyo era que era él con orgullo  andaba en metro, no por tener el auto en el taller sino todos los días, tremendamente agradecido y rebosante de felicidad de la vida que había escogido. No pudo evitar apretar los dientes de rabia.

-Buena buena, ¿y a qué te dedicas oye Vial?.- le dijo sin apenas separar la mandíbula

El Metro llegaba a Manuel Montt. “Resentido de mierda este muerto de hambre, pregunta típica de gueon envidioso fracasado”.

-Abogado compadre, trabajo en un estudio y vemos causas de derecho civil y tributario principalmente. Ahora voy a tribunales a una audiencia eso sí, no voy a la oficina.

El Metro abrió sus puertas en Salvador. Se quedaron unos segundos mirándose, vigilándose, inspeccionándose. Del Canto sin darse cuenta abrió los labios mostrándole con descaro a Vial sus dientes apretados como perro a punto de atacar. Vial lo miraba de arriba abajo achicando las pupilas de manera intimidante.

-Y tu compadre ¿a qué te dedicas?

- Profesor de literatura, ahora de hecho voy a la universidad a hacer clases.

- Buena, y ¿en qué universidad haces clases?

- En la Portales…¿por qué? Le pregunto con la voz temblorosa de rabia y mostrando unos colmillos apretados de los que perfectamente podría haber brotado una espuma bestial.

- No por nada.

El Metro llegaba a Baquedano. Los setenta centímetros de distancia que los separaban al inicio del encuentro se habían reducido a apenas unos veinte sin que nada tuviera que ver con tal acercamiento la aglomeración en el vagón. Hacia abajo iba bastante expedito a esa hora y podían establecer entre ambos un espacio relativamente holgado. Pero ahí estaban, uno enfrente del otro. Midiendo sus alientos, sus emisiones de testosterona. Vial una cabeza más alto, de terno oscuro y abrigo largo. Del Canto más bajo mirando con dignidad para arriba a su rival, con su chaleco celeste, su chaqueta de gamuza café claro y su bufanda naranja. 

-Buena Universidad igual la Portales. Yo partí estudiando ahí de hecho ingeniería. Después me fuí a derecho a la Adolfo.- La mirada de Vial no podía ser más intimidante.

-Si, es buena-. Los ojos de Nelson inyectados en sangre.

Metro saliendo de Universidad Católica. Del Canto mira a sus espaldas y ve a un obrero cargando un panel de vidrio de unos noventa centímetros. Al lado suyo, el freno de emergencia. Era cosa de apretarlo para que Vial pasará hacia adelante y se incrustarse de cabeza en el cristal. La sola idea le resultaba de un placer indescriptible. Ni siquiera se dio cuenta cuando su mano izquierda se apoyó justo sosteniendo el freno listo para activarlo. Vial advirtió de inmediato las intenciones de su ex compañero y le lanzó una mirada burlona. “¿Me quieres partir la cabeza con un vidrio muerto de hambre? ¿En serio? ¿Tú?, que no tenías cojones para defenderte en el colegio, ¿resulta que ahora me vas a matar camino a la pega en el metro?” Ese pensamiento hizo que se dibujara una macabra sonrisa en el rostro de Vial.



-¿Y te ves con alguien más del colegio Del Canto?

-Con algunos, pero muy poco la verdad. ¿Y tú?

-Con algunos también, hay poco tiempo ahora para verse en realidad, es difícil coordinar juntarse con pega, familia y todo eso.

-La cagó que sí, es muy difícil-. El metro llegaba a Santa Lucía. La mano de Nelson se mantenía temblorosa sobre el freno de emergencia, pero la distancia entre ambos era aún más estrecha. De no más de cinco centímetros. Vial apretó fuerte su puño derecho listo para dar un gancho en el rostro a su ex compañero. Subió un poco el codo a una altura que Del Canto pudo apreciar el puñetazo listo para ser recibido. Pero Nelson ya no era el temeroso e inseguro adolescente del colegio. Los años de estudiante en la facultad de humanidades y letras le habían dado carrete, le habían dado mundo. No solo el ambiente sino también esas nutridas lecturas de terror, impresionismo latinoamericano, sangre medieval, todo era posible y cada humano era su propio límite y no el Dios de los curas del colegio que solamente servía para reprimir las pasiones más sublimes de un adolescente. 


El Metro llegaba a la estación Universidad de Chile. Nelson metió su mano libre al bolsillo de la chaqueta y sacó su cortapluma suiza, afilada hacía no mucho y la abrió en el cuchillo más largo del porte de su dedo índice moviéndolo a la altura del cinturón de Vial quién seguía manteniendo fuerte y rojo el puño.

-¿Y has ido al colegio en este tiempo Nelson?.


-No compadre, para nada, mil años que no voy, ¿y tú?

-No, yo tampoco. Me he ido enterando por redes igual de algunas cosas.

-Sí también yo, creo que hace poco pillaron con un kilo de coca a unos pendejos de tercero medio. Que alzados los pendejos ahora loco, eso jamás se hubiera visto en nuestra época.

-Si, la cagó como están los pendejos.



Se respiraban en la cara, Del Canto hervía en rabia, el rostro coloradismo, los líquidos corporales se le fueron a la cabeza. Comenzó a llorar bilis. Vial en su tensión corporal rompió una de sus venas nasales. Comenzó a derramar sangre a chorros por las narices tiñendo la bufanda de rojo a Nelson.


-¿Y haz sabido de algún profe?.

-Si de algunos. A los que tengo en Facebook o en Insta. Al Diego Moreno de física lo tengo ponte tú.

-Ah sí, igual me ayudaron en ingeniería sus clases, pero me terminé yendo igual de la carrera.

-Sí, también tengo a la señora Hortensia de Química y al Alejandro Fernández de música

-¿Cuál era ese?

-Uno que tocaba saxo

-A sí perfecto, ahora recuerdo

-Sip, y al de…Inglés, no me acuerdo cómo se llamaba…Uno rubio muy cara de gringo que hacía Inglés 

-Ah sí, sí me acuerdo…Que creo que además hacía clases de Inglés en la Usach…¿Serrano Ulrich no era su apellido?

- Gustavo Serrano Ulrrich, si ese mismo, también lo tengo en Instagram.

-Me caía bien ese compadre. De los pocos profes de Inglés a los que les captaba la onda.

-Sí, a mi igual, fué creo que el único con el que tuve promedio final arriba de seis en Inglés en toda mi vida escolar. Al Carlitos Villarroel de Historia lo agregué también hace poco.

-Carlitos, me caía bien él.

-Si, pa mí él fue un verdadero referente en esto de estudiar una carrera humanista.


Vial acercó el puño apretado a unos veinte centímetros de la cara de Del Canto, éste le puso la hoja de cortapluma justo debajo del mentón. Vial tragó saliva.

-No me acuerdo qué año fue el último asado de generación que hicieron, ni tampoco donde. ¿Tú te acordai Nelson?


-Fue…puta…no me acuerdo cuando pero sí que fue en el campo de este loco bien capo…que ahora creo que volvió de hacer un doctorado en Estados Unidos, ¿cómo era que se llamaba?…en el Monte me acuerdo que fue el asado, cerca de Santiago . Se llamaba…¡Muñoz, Felipe Muñoz…!

-Puta que era genio ese loco, estuve con él en cuarto medio en los electivos del científico. Yo creo que fijo gana un nobel o alguna hueá así.

-Seguro que sí. Bueno, ese mismo, fué en su campo. Yo fuí pero poco rato.

-Si, si, yo no pude ir.

Vial se limpió la sangre con su mano no empuñada y después tomó con esa misma mano a Del Canto de la bufanda perfilándolo para el puñetazo que le daría con la otra. Del Canto le tocó el pescuezo con la punta de la hoja. Se seguían mirando. El metro abrió sus puertas en Moneda.

-Aquí me bajo Del Canto. Le dijo sin soltarlo ni bajar el puño.

-Yo un poco más abajo compadre, en República. La hoja le hundía un poco las carnes aunque sin penetrarlo.

Se miraron por última vez.

-Bueno, gusto verte. Búscame en Insta igual. @negrovial87

-Vale, te agrego. De hecho creo que te tengo el LinkedIn.

-Demás que sí. Lo soltó y se dio la vuelta. Nos vemos.

Vial salió del vagón sacando un pañuelo para limpiarse la sangre de las narices. Del Canto bajó la mano del freno y cerró la cortapluma metiéndosela al bolsillo. Se puso los auriculares y dio play a Amazing de Aerosmith. Le alcanzaba justo el tiempo para escucharla antes de bajar.


domingo, 27 de febrero de 2022

FALLOS JUDICIALES CON PERSPECTIVA DE GÉNERO EN LA NUEVA CONSTITUCIÓN. ¿PUNTO A FAVOR PARA EL FEMINISMO O PARA EL PATRIARCADO?

Por Fernando Lobo.

(Complementando a esta columna de opinión, invito a revisar esta reciente entrevista a la Jueza chilena Karen Atala a quien se le consulta por el tema y creo que su opinión se acerca bastante a la tesis aquí expuesta


"Todas las personas de este curso son iguales y Pedrito que pertenece a este curso, también es igual al resto". A lo mejor este sería el intento de un docente bienintencionado de terminar con la exclusión a la que históricamente Pedrito ha sido sometido por parte sus compañeras y compañeros. No dudamos de la buena fe del docente al dar este aviso al grupo, pero tal vez a Pedrito le gustaría que esa afirmación de su profesor fuera tan genuinamente cierta que, como ocurre con Andrés, con María, con Miguel y con todo su curso, se pudiera algún día dar por entendido que él forma parte de la universalidad de la afirmación "todas las personas de este curso" sin la necesidad de la tautología en su particularidad (la cual finalmente termina por recordar que la particularidad debe ser mencionada porque después de todo, "no es cierto" que todos en el grupo curso son o hayan sido iguales) 



Si nuestra nueva Constitución comenzará en su primer artículo como suponemos sería de toda lógica, de la base consensuada y establecida en el primer artículo de la declaración universal de derechos humanos de que "todas las personas son iguales ante la ley" (nacen iguales en dignidad y derechos y por lo tanto son iguales ante la ley) , observamos entonces una tautología similar a la del ejemplo de Pedrito toda vez que entendida la universalidad del carácter humano de la persona, nuestros convencionales no obstante, han acordado explicitar en la carta magna que los jueces deban fallar teniendo en cuenta la perspectiva de género. Es tautológico dado que el carácter de persona humana en su universalidad comprende ya esa categoría. En términos sencillos, lo que tendríamos sería la siguiente redundancia: "todas las personas son iguales ante la ley, y al fallar los jueces deben tener en cuenta que el género no debe impedir que todas las personas sean iguales ante la ley" 


¿Quiere acaso la convención que haya géneros con mas privilegios que otros? Desde luego que no pretende eso, porque a todos y desde luego a las y los convencionales hace sentido que las personas, de cualquier género, somos iguales en dignidad y derechos y por lo tanto iguales ante la ley. ¿Qué se pretende entonces con esta "redundancia"? Debo suponer que lo mismo que buscaba nuestro docente bien intencionado al recordar la igualdad de Pedrito con el objetivo de reivindicarlo frente a su curso; se debe hacer la observación en lo que respecta a los fallos judiciales pues los sesgos y la opresión de género históricamente han impedido muchas veces que haya sido "realmente cierta" la igualdad de las personas en dignidad y derechos. 



La intención parece genuina y sus precedentes históricos verosímiles. Sin embargo, al igual como ocurre con Pedrito, se termina por excluir a ciertos géneros del carácter humano universal, precisamente a los que busca reivindicarse, al tener que hacer la aclaración en el tema de fallos judiciales. En efecto, la perspectiva de género no hace referencia solamente a constructos sexoculturales históricamente oprimidos, sino lógicamente a la relación dialéctica con su contracara opresora. Por consiguiente, si se debe fallar con perspectiva de género y eso quiere decir que hay seres humanos cuyo género les ha impedido gozar de igualdad en dignidad y derechos a diferencia de lo que ha ocurrido con otros seres humanos (porque si todos los géneros fueran oprimidos no tendría sentido hacer esta salvedad en los fallos judiciales), entonces lo que nos queda es que, como ocurre con el curso de Pedrito, ciertos seres humanos, los del género no oprimido, deben darse por incluidos a priori en la universalidad de la igualdad en dignidad y derechos y otros en cambio deben de ser "recordados" al poder judicial como parte de esa categoría. 


Lo que resulta entonces en nuestra futura carta magna es que a partir de la buena intención reivindicativa similar a la del profesor de Pedrito, la universalidad a priori del derecho humano a ser reconocido desde el nacimiento en dignidad y derechos queda como privilegio exclusivo para el género opresor, esto es, hombres blancos heterosexuales y en cambio para los géneros oprimidos se agrega la salvedad de los fallos judiciales con perspectiva de género. Cabe preguntarse entonces, ¿Quiénes son aquí los "reconocidos como seres humanos" realmente? ¿Aquellos a quienes solamente les basta la declaración universal de 1948 para llegar a tribunales con la garantía de que serán tratados como personas o aquellos cuya condición humana debe ser "recordada" a los magistrados en la carta magna para tener un juicio justo? 


Debo suponer que el mundo genuinamente igualitario al que aspiramos todos, es un mundo en el que el color de la piel, la opción sexual, el país de origen, y cualquier otra particularidad dejen de ser tema justamente porque se de por sentado que toda persona y para todos los efectos, forma parte por el hecho de nacer en este mundo, de la categoría universal de persona humana. Las acciones afirmativas y reivindicativas (comúnmente llamadas discriminaciones positivas) como la aprobada por la convención, sin duda que persiguen como meta esa misma finalidad, pero acarrean la ineludible paradoja de que al explicitar la exclusión e instalarla como tema en el entorno sociocultural generan al mismo tiempo su realidad fáctica, esto es, perpetúan lo mismo que pretenden eliminar (Por ejemplo, dígame si acaso se siente tratada realmente "como una igual" cuando se habla de estos temas en foros y debates y los hombres nos apuramos en decir compulsivamente aunque con buena intención reivindicativa que "opinen primero las mujeres"). 



Desde luego en muchos casos de la historia, pasar por esa contradicción con acciones reivindicativas por un tiempo limitado ha sido necesario para una vez superada lograr la equidad de forma natural. El problema es que de lo que aquí se trata no es de una política pública transitoria sino de una carta magna con pretensiones de guiar nuestra sociedad y configurar su realidad por un buen tiempo. Si en la nueva Constitución queda plasmada la necesidad de una "prótesis de equidad jurídica" para que oprimidos estén en igualdad frente la "universalidad humana" de opresores en los procesos penales, la realidad cultural que se instala en el orden de lo simbólico es justamente la de acentuar la asimetría. Cabe señalar de hecho que el tema de la universalidad de lo masculino versus la "otredad" de lo femenino (definido sencillamente como lo no masculino) es de los tópicos centrales tratados en perspectiva de género y ha sido uno de sus ejes de discusión por mas de 5 décadas desde Simone de Beauvoir hasta Judith Butler. 


 Por otro lado, si lo que se pretende con esta medida de la convención es hacerse cargo de los problemas reales y concretos que producto de sesgos de género, enfrentan muchas personas para tener juicios justos, me parece que lo adecuado sería solucionar el problema desde el material en base al cual los jueces deben fallar, esto es, el código penal y la evidencia y antecedentes entregados. En este sentido, lo que debiera realmente reformarse con perspectiva de género es la ley y las instituciones del Estado que forman la cadena procesal penal como lo son las policías, defensoría y ministerio público. La magistratura debe fallar conforme a derecho y a evidencias. Si ambas herramientas a su disposición le llegan o se encuentran sesgadas es poco lo que puede hacer. 


 Finalmente, si a sabiendas de lo anterior, lo que la convención pretende mediante los fallos con perspectiva de género en cambio no son tanto mejoras en lo concreto de los procesos, sino reivindicaciones políticas que contribuyan a generar un cambio en el orden simbólico cultural, corre el riesgo de generar justamente el efecto contrario al asumir que el carácter apriorístico y universal de la igualdad ante la ley es exclusivo del género opresor (masculino) de acuerdo al razonamiento aquí expuesto. 


A lo mejor valga la pena correr este riesgo y que se instaure el tema de los fallos con perspectiva de género en la nueva Constitución. Pero en virtud del razonamiento aquí expuesto, sería de necesaria honestidad intelectual conforme a la perspectiva crítica que esperamos de las y los convencionales, asumir la existencia de este tipo de riesgos a generar una realidad simbólicamente ambivalente en relación al tema. Tomar la iniciativa de fallar en enfoque de género simplemente como un ¨logro¨ en materia de equidad, como una batalla ganada del movimiento feminista, sin asumir o al menos reflexionar en la posibilidad de efectos secundarios como los aquí expuestos, sería a mi parecer superficial.  Podría estar bien para el jolgorio de redes sociales, slogan fáciles o consignas en pancartas, pero ignoraría los efectos que al largo plazo tendría la iniciativa, y lo que resulta paradójico, pasaría por alto la rica discusión y sus importantes observaciones en torno al enfoque de género relativas a lo aquí expuesto, en más de seis décadas de reflexión por  parte de distintas autoras y autores feministas.




miércoles, 4 de marzo de 2020

¿QUÉ SE DEBATE REALMENTE CUANDO SE DEBATE ACERCA DEL ABORTO?


Agradezco a quienes lean esta columna de opinión para la cual le pido el espacio prestado a mi blog de cuentos, a falta de poder contar con redes sociales donde podría haberla publicado. Desde hace ya un tiempo que he decidido prescindir de redes sociales para emitir reflexiones como esta pues la polaridad del ambiente actual en nuestro país nos hace lidiar con muchos que  solo entienden “la primera línea” de lo que leen.  Finalmente, debo decir que lo que sigue no pretende ser más que una suerte de ejercicio intelectual “de vuelta del verano” que espero aporte sin en todo  caso buscar el aplauso fácil (no busco hacer ni un "Belloni" ni una "Tere Marcovic"). Anticipo entonces que hay temas por los que admito que paso muy por encima y además no me preocupo de recurrir a citas o referencias pese a que sí menciono a unos pocos autores. De cualquier manera, hay marco teórico bastante sólido y contundente para sostener las tesis que aquí se esbozan.


¿Qué es lo que se debate cuando se debate cerca del aborto?

Como es bien sabido dentro del amplio espectro de temas que se proponen a partir de las luchas del movimiento feminista, el que sin duda resulta más sensible, controversial y de apasionadas posturas es el de la despenalización del aborto. No hay suficiente gasolina para encender otros debates de la lucha feminista tales como la diferencia de salarios o la mayor participación del hombre en los deberes del hogar, como el arsenal de combustible que explota cuando se habla acerca de la legitimidad de que la mujer pueda decidir interrumpir un embarazo.


 Quienes alzan pañuelos verdes a favor de la libre interrupción del embarazo, defienden la libertad de la mujer de hacer lo que desee con su propio cuerpo. Quienes alzan pañuelos celestes en contra de la interrupción, defienden la vida que se anida en el vientre de la mujer, argumentando que la libertad sobre su cuerpo termina donde empieza la de la supuesta criatura humana que lleva dentro. Lo que yo voy a argumentar en esta columna y espero hacerlo bien, es que ambas son posturas que tocan tangencialmente el tema de fondo que es el que en definitiva provoca creo yo, los enconados debates entre ambas visiones. Mi tesis es que la pregunta de fondo que subyace a estos debates flotando invisible en medio de la crispación no es otra que la siguiente: ¿Es acaso injusto que sea la mujer la que quede embarazada?


A primera vista, esta es una pregunta que no tiene mucho sentido (ok, a primera vista parece una pregunta tonta pero téngame algo de fe y siga leyendo). En efecto, el embarazo de la mujer (y el “no embarazo” del hombre) no es un tema de justicia o injusticia sino de funcionamiento biológico, es decir, es un tema de la naturaleza. La pregunta que yo formulo desde este punto de vista es tan absurda como plantear la injusticia porque unas regiones del mundo estén en el trópico con un eterno y afable verano y otras muriéndose de frío en los círculos polares. Se trata sencillamente las leyes de la naturaleza y frente a ello nada se puede hacer.


Para que el embarazo de la mujer-frente al no embarazo del hombre- pueda catalogarse de justo o injusto, se tendría que partir entonces de la premisa de que éste es un hecho susceptible de ser manipulado por el criterio humano de modo de poder equilibrar la injusta situación. Es por eso es que en otros frentes de la lucha feminista sí se puede hablar con propiedad de justicia o injusticia cuando se debate por ejemplo en torno a las diferencias salariales, a la violencia contra la mujer o a la asimetría de las labores en el hogar. En estos tres temas y también en otros, más allá de la complejidad que revisten sus posibles mejoras, partimos todos (supongo) de la premisa de que depende de que se haga un esfuerzo como sociedad para que se alcance mayor equilibrio y  justicia en cada uno de ellos. No podemos en cambio impedir que sea biológicamente la mujer la escogida por la naturaleza para quedar embarazada. Puede abortar, puede tomar pastillas, puede esterilizarse, pero sigue siendo la escogida de la naturaleza para quedar embarazada.


Es curioso pero si se piensa un poco, los temas en los que los debates que propone feminismo parecen “menos encendidos”  tienen que ver justamente con el grado de aceptación de todas las partes en disputa de la premisa de que más allá de las posturas y soluciones “el problema está en manos de los seres humanos corregirlo” (como los propuestos más arriba). El tema del embarazo en cambio es distinto; la mujer queda embarazada, el hombre no y así lo quiso la naturaleza, nada que hacer.


¿Porqué el tema produce tanta controversia? ¿Simplemente por basarse en una pregunta sin sentido? El motivo por el cual el debate produce tal grado de emocionalidad es porque la pregunta ¿Es injusto que la mujer quede embarazada? comienza-por primera vez en la historia- a dejar de ser una pregunta sin sentido. La modernidad como expondré a continuación, le ha comenzado a dar sentido a esta pregunta. Y cuando una pregunta que antes no tenía sentido pasa a tenerlo las resistencias son fuertes. En alguna medida, los cambios de paradigma se producen en la historia precisamente cuando las preguntas absurdas dejan de serlo (¿Es redonda la Tierra? ¿Son eternos e inmutables el espacio y el tiempo? Etc.).


Lo que a mi entender, hace que la pregunta ¿Es injusto que la mujer quede embarazada?  tenga sentido es el asombroso nivel de dominio y manipulación de la naturaleza que el ser humano ha logrado en los últimos tres siglos y particularmente en las últimas décadas y por lo tanto, las consiguientes expectativas que ello genera en las proyecciones futuras. Los avances tecnológicos y científicos que se lograron en las tres revoluciones industriales durante los siglos XIX y XX fueron impresionantes y como concuerdan los historiadores y cientistas sociales, sólo equivalentes como saltos cualitativos, a pocos hitos de (muuuy) larga data como la invención de la rueda, la creación de las herramientas, la manipulación del fuego y de los metales y por supuesto, el comienzo de la agricultura. A todo ello hay que sumarle las particulares características de nuestra relación con la naturaleza en la cuarta revolución industrial-informática que actualmente vivimos. Por un lado, los llamados problemas “naturales” comienzan poco a poco a desdibujarse para mezclarse con problemas “artificiales” o creados por el ser humano. El ejemplo emblemático de ello (pero no el único) es evidentemente el calentamiento global con todas sus consecuencias climáticas y ambientales. Por otro lado, el mundo virtual que ha creado internet comienza a reproducir una verdadera “segunda realidad” manipulada por los seres humanos. Interacciones fuera del espacio-tiempo, lugares y personas que físicamente no existen, comienzan en su conjunto a gestar una verdadera “segunda naturaleza artificial”.


Por otra parte, debemos tener en cuenta las expectativas que todos los avances mencionados generaron en los últimos siglos en los seres humanos, particularmente en nuestra sociedad occidental. Desde que todos estos avances científicos y tecnológicos comenzaron a gestarse a finales del siglo XVIII -y también debido a importantes avances científicos y de las humanidades  que venían desde el siglo XV- emerge una suerte de profundo optimismo en el porvenir de la humanidad. La modernización (los grandes avances en ciencia y tecnología) genero como “promesa” la modernidad (las expectativas que generaron esos avances de que tanto las sociedades como los individuos, seríamos más felices, autónomos y emancipados). Vivimos desde ese entonces siempre en la vorágine de esa “promesa” en un futuro mejor. Vivimos con la vista puesta siempre en ese futuro que está por venir; promesas políticas, cartas gantt y cronogramas para todo, las "agendas" de los movimientos sociales, de los gobiernos, de los organismos internacionales, un sistema financiero mundial basado en el crédito (es decir, basado en la fe en el futuro a partir de la cual tiene sentido endeudarse), el repetir compulsivamente cada 31 de Diciembre que el año que viene será mucho mejor que el que se va y tres mil ejemplos más que se le vengan a usted a la cabeza de cómo vivimos los sujetos modernos en una eterna promesa que siempre está por llegar. 


Es en todo este contexto que aunque la biología aún dicte que es la mujer la que queda embarazada, “tenga sentido” sin embargo, preguntarse ¿Porqué tiene que ser así?. La modernización y su promesa, la modernidad, nos han dado permiso para preguntar e imaginar ya no por lo que ahora es posible, sino sobre todo -he aquí lo interesante- por lo que puede ser posible en el futuro (seamos realistas, pidamos lo imposible, decían los jóvenes del Mayo del 68 y eso que ni siquiera conocían el mundo virtual).  Si es que en los últimos dos siglos se ha avanzado a una velocidad abismante en ciencia y tecnología, si se ha podido desafiar las leyes de la naturaleza de manera asombrosa (y peligrosa), si vivimos actualmente en un verdadero mundo virtual paralelo hecho por nosotros mismos y sobre todo, si todo ello nos ha conducido a vivir constantemente en la promesa de que “lo mejor está siempre por venir”, hemos creado entonces las condiciones de posibilidad socioculturales para permitirnos plantear una pregunta de esta envergadura: ¿Es acaso justo que la mujer debe quede embarazada?. 


Hemos generado en el imaginario cultural la autorización para que algunos se “indignen” porque la naturaleza sea como es y no como debiera ser según nuestros criterios humanos. En resumen: es válido plantearse lo injusto que es el hecho de que la mujer quede embarazada sencillamente porque a partir de la evidencia de abismante progreso, hay un contexto de realidad que configura la subjetividad moderna en términos de constante expectativa en el futuro, la subjetivación de un presente al que siempre se le exige y reprocha no ser el futuro mejor, el "cumplimiento" de la eterna promesa. Un contexto que posibilita  pensar que “en algún momento” el Dios de la modernidad que todo lo puede (y la ONU su iglesia mediante), se hará cargo de que este tema sea al igual como el del salario, la violencia o los deberes en el hogar, un tema no ya biológico sino de justicia social.


Es pertinente llegado a este punto aclarar algunas cosas. No me refiero aquí a la expectativa en una proyección lineal o científica del avance en torno al tema. No se trata de que el feminismo sea un movimiento de proyección tecnológica cual “Carta Gantt”.  Se trata más bien de la posibilidad de que la pregunta pueda instalarse y por lo tanto, la posibilidad de “frustrarse” por la eventualidad de otra realidad mejor que sin embargo “aún” no llega. En definitiva, tiene que ver con el permiso que la modernidad le da al imaginario sociocultural de correr los límites de lo posible configurando una subjetividad acordé con ese imaginario.  En realidad, no existe movimiento social alguno (occidental al menos) que en cierta manera no haya sido sino una forma de expectativa en el avance tecnológico y científico. 


Tampoco estoy diciendo con mi argumentación que la mujer en general ya no quiera embarazarse. Mi punto no tiene que ver con el deseo concreto de alguna mujer específica sino con la expectativa que permite el contexto sociocultural en torno al tema. Una mujer de esta época puede querer embarazarse o no hacerlo, pero más allá de eso ella, a diferencia de las mujeres de cualquier otra época, puede imaginarse (tiene "el permiso de imaginarse") un mundo en el que no deba pasar por el embarazo. Sin ir más lejos, en El Mundo Feliz de Huxley, emblemática obra literaria de la modernidad, se nos ilustra esa gestación humana futura que ya no se anidaría en el vientre materno y se propone según esa visión futurista al parto natural como un acto “salvaje”. La cancha hace tiempo está rayada en nuestra cultura para poder imaginar más allá de las posibilidades de la naturaleza e incluso “indignarnos con ella” por no estar a veces a la altura de esa imaginación.     


Y pese a todo, la mujer sigue (aún) quedando embarazada y el hombre no. Esto genera una profunda ambivalencia y susceptibilidad en este tema. ¿Porqué? Porque aún la promesa moderna no se cumple a este respecto. Porque aún la realidad está al debe, porque aún la naturaleza es como es y no como debiera ser en este punto. La interrupción voluntaria del embarazo es lo máximo que el progreso moderno puede ofrecer de momento. Y hay que decir que no es para nada una solución de fondo sino más bien mediocre. Lo que la mujer que aborta quiere no es abortar sino ciertamente no haberse embarazado pues a fin de cuentas ni el aborto, ni las pastillas anticonceptivas y ni siquiera la esterilización se hacen cargo del tema de fondo: que la mujer queda embarazada y el hombre no, sencillamente porque así lo quiso la (madre) naturaleza. Y frente al imaginario moderno de que “todo puede ser posible” muchas mujeres no podrían evitar preguntarse legítimamente: ¿Porqué en la era de dividir átomos, de los viajes a la Luna (o a Marte en unos años más), la era capaz de corregir defectos hereditarios del cuerpo con cirugías, en la era en que se manipula el código genético, en la era de aumentar a casi cien años la esperanza de vida, en la era que acorta a milisegundos las distancias de comunicación entre Chile y Australia, porqué en ésta era yo sigo quedando embarazada (y el hombre no), al igual que las mujeres del Paleolítico, de la Grecia Clásica y del Medioevo? ¿Porqué la promesa moderna “no me ha llegado”? ¿Porqué mientras estamos creando una  abismante “naturaleza virtual”, mientras manipulamos la naturaleza a nuestro antojo yo sigo aún estancada en la naturaleza biológica del Neanderthal?


Debo decir que la propuesta de este dilema no es nuevo ni mucho menos original de esta columna de opinión. Simone de Beauvoir en su clásica obra El segundo sexo ya lo abordaba cuando señalaba (si logro resumir con justicia su compleja e interesante tesis) que mientras el hombre había podido desarrollar la naturaleza humana de su ser mamífero creando cultura, la mujer estuvo compelida a perpetuar la naturaleza mamífera de su ser humano, gestando, pariendo, amamantando y cuidando a los cachorros de la especie homo sapiens. Según la autora, para perpetuar nuestra especie, la historia de la mujer tuvo que ser pues historia cíclico-biológica idéntica a la de cualquier mamífero desde que estos aparecieron hace doscientos millones de años en la Tierra, mientras que la del hombre pudo ser historia lineal-cultural que actualizaba la condición propiamente antropológica. La historia de la mujer era historia “en círculo” de un ciclo natural perpetuo, mientras que la del hombre era historia “en progreso” de horizontes insospechados por descubrir y conquistar. ¿Y todo esto porqué? ¿No era acaso la mujer capaz de crear cultura? Desde luego que si lo era, pero además era la que sacó el premio de la naturaleza de quedar embarazada… y el hombre no. En realidad, mientras más logremos dominar y manipular a la naturaleza, más motivos verosímiles va acumulando la mujer para comenzar a cobrarle varias deudas históricas al Universo, o al menos plantearse seriamente hacerlo.


El dilema es complejo y ni siquiera la postura de hombres y mujeres “distintos pero iguales en derechos” lo resuelve satisfactoriamente. Si el grado de avance del progreso moderno ha llegado a los abismantes niveles descritos y por consiguiente ha generado las elevadísimas expectativas que nos tienen viviendo siempre en “la promesa del futuro”, entonces la postura de “distintos biológicamente pero iguales en derechos” se pone en entredicho y puede resultar contradictoria: ¿Qué de toda esa “diferencia biológica entre hombres y mujeres” no va a ser en el futuro algo que pueda modificarse? ¿Podemos estar seguros que los temas que hoy son de diferencias y por tanto biológicos, no serán mañana temas de derechos y por tanto de “justicia”?


Finalmente, otro factor que hace de este un tema muy sensible, es que cualquier respuesta frente a la pregunta ¿Es injusto acaso que la mujer quede embarazada? conduce a graves complicaciones y es a fin de cuentas un callejón sin salida. Si se responde de manera negativa y se dice “no es injusto porque así lo quiso la naturaleza y no somos nadie para cuestionarla”, entonces debemos admitir que el proyecto moderno, la promesa moderna en el futuro, queda para siempre inconclusa y trunca: no importa que hayamos alcanzado la utopía marxista de sociedad sin clases o el mercado capitalista perfecto; tendríamos que admitir nuestro total fracaso en dominar la naturaleza a nuestro favor si nada menos que el cincuenta por ciento de la humanidad tiene que seguir cargando con el mítico y arcaico castigo de Eva (aún si contamos con tecnología para irnos de vacaciones por todo el sistema solar). Si en cambio la pregunta se responde de manera afirmativa y se dice “sí, es injusto y por tanto más temprano que tarde los avances en Ciencia y Tecnología harán que deje de ser así” entonces la promesa moderna no es sino otra cosa que un proyecto de ruptura total con las leyes de la naturaleza tal como la hemos conocido hasta ahora, un proyecto que promete liberarnos de uno de los últimos bastiones de la ley natural que todavía no podemos manipular: nuestra propia reproducción como especie. Esto no puede sino ser tomado por muchos con angustia o por lo menos con un tremendo y legítimo grado de incertidumbre, debido a que nos deja antropológica y epistemológicamente a la deriva (motivo para mí, de la real crispación de los autodenominados “próvida”).


Y en fin. Como seres modernos vivimos en la expectativa. Cosas que se catalogaron como naturales e inmodificables durante milenios dejaron de serlo en dos siglos y medio ¿Se nos puede culpar entonces por esta propensión a vivir con la esperanza puesta en el futuro?. Por otra parte, la era virtual de la (sobre) información nos hace magnificar hoy el imaginario de la creencia por sobre la facticidad de lo real. Es pues en este contexto que muchas veces la persuasión de las redes sociales en torno al futuro prometedor de la mujer puede ser más real que la realidad.  El dilema es por lo tanto más difícil de lo que parece y requiere de mucho diálogo, reflexión y -a lo mejor- de menos visceralidad. Pero para que ese diálogo sea fructífero, propuestas como la que aquí planteo deben al menos ser contempladas como datos a la causa. Los autodenominados “próvida” a lo mejor viven también con esa expectativa puesta en el futuro. Tal vez esperan con ansias el dispositivo que permitirá leerle el pensamiento al feto de tres semanas creyendo haber ganado la batalla final al feminismo cuando la máquina decodifique un “no me abortes”.  

Pero en nuestra época del “no hay límites” del "nuestra felicidad está por venir" ¿eso calmaría acaso el descontento porque la naturaleza sea como es y no como (algún día) debiera ser? ¿Terminarían acaso allí los pañuelos verdes resignados frente al dispositivo provida? ¿Dejaría la mujer de preguntarse porqué sigue siendo ella la que debe quedar embarazada (aunque se compruebe irrefutablemente que lleva una vida adentro) mientras al mismo tiempo conquistamos el planeta Marte? Yo pienso que no.
          

domingo, 22 de diciembre de 2019

La ficha Clap (Control Sano Adolescente)


NOTA: La ficha Clap (Control de Salud Integral Adolescente, no coincide una mierda con la sigla “clap” pero en fin) es un instrumento mediante el cual se monitorea la salud integral del adolescente por parte de la red de salud pública, muy parecido al control del niño sano que se le hace en consultorios a los infantes, pero en versión juvenil. Se lleva a cabo en el marco de una política pública del Estado de Chile cuyo objetivo es incentivar la participación y consulta de jóvenes en los servicios sociales y de salud municipales, de modo de ayudarlos a salir adelante en sus vidas. No se aplica en las comunas más pudientes, no porque en ellas no hayan adolescentes, o porque los adolescentes de esas comunas no necesiten crecer en un entorno integrlmente saludable, sino porque la mayoría de los adolescentes de esas comunas reciben prestaciones en el sistema privado. De ahí la necesidad del Estado de tener a los adolescentes menos pudientes bajo control…de salud me refiero, por supuesto.


Y ahora su relato...


Miguel el psicólogo, llegó con algo de retraso esa fría mañana de Junio al gimnasio municipal con el objetivo de entrevistar adolescentes para la ficha clap. Se estaba terminando de montar la feria universitaria a la que recurrirían los jóvenes de cuarto medio provenientes de los distintos colegios municipales de la comuna. Universidades privadas, institutos y centros de formación técnico-profesional se encontraban instalados desde las ocho am con sus stands, folletos y pendones sobre la carpeta de la cancha del hemiciclo deportivo, preparados para ofertar distintas y atractivas alternativas de futuro a los adolescentes que asistieran.


Miguel divisó el stand de la gente del consultorio y se dirigió hacia allá, estaban las matronas y enfermeras instaladas con el estetoscopio, las pesas y el esfingomanómetro listos para realizar su parte de la ficha. Miguel debía aplicar la segunda parte que monitoreaba la salud mental después del examen físico que comenzaban haciendo las profesionales. Se debían llevar a cabo como meta anual de la comuna, un mínimo de mil fichas clap a adolescentes. Instancias como esas ferias universitarias eran especialmente provechosas para tomarlas por la cantidad de estudiantes de entre diecisiete y veinte años que asistían. Era importante cumplir la meta pues implicaba que el servicio metropolitano de salud aumentara los fondos para el programa al año siguiente y esto era fundamental para poder hacer más fichas y así aumentar la cobertura, de modo que se aumentaran los fondos para lograr aún más cobertura.


De a poco iban llegando los buses con los estudiantes provenientes desde los distintos colegios. Motivados por sus profesores, bajaban de las máquinas adolescentes ojerosos semi sonámbulos, la mayoría tratando de combatir el sueño matutino con el trap de sus teléfonos móviles que les llegaba directo a los oídos a través de groseros audífonos que hacían también las veces  de cobertores del frío para las orejas en esa mañana invernal. Desde la parte de abajo de los vehículos, los profesores monitoreaban la bajada de los estudiantes; pegaban un cachamal simpaticón, les tiraban una talla a uno que otro para que se despabilaran y les ordenaban sacarse los audífonos. Los jóvenes obedecían y se bajaban los audífonos al cuello, volvían a subirlos a sus orejas un par de metros  antes de entrar al gimnasio y se los volvían a sacar al percatarse de que el reggaetón de fondo que el servicio de educación municipal había dispuesto como música ambiental de la actividad ganaba la competencia a cualquier sonido de emisión auricular. 


Comenzaban a entrar masivamente;  varones la mayoría ostentando un  corte "sopaipilla" con pantalón escolar plomo, zapatillas y polerón de capucha no correspondiente al uniforme vestidos a medio camino entre escolar y universitario. Mujeres con jumper negro y cintillos, pelos y mochilas de todos colores, algunas con largas melenas que cubrían rapados laterales de la nuca,  varias con ojos, mejillas y labios maquillados. Bajo el jumper pantimedias un poco menos coloridas que oscilaban entre el negro y el azul marino y unas cuantas de colores chillones. Las había también aquellas que inmolándose de frío, no quisieron perder la oportunidad de verse veraniegas y enseñar las piernas como si de Diciembre se tratara. Unas pocas en vez del jumper prefirieron el buzo escolar que combinaban con camperas deportivas femeninas de marca o imitación. Comenzaron a rodear los puestos, preguntaban por las carreras, por los aranceles, por las becas, por la gratuidad, por los extraños nombres de los ramos de algunas mallas curriculares.


Después de efectuar el examen físico controlando peso, talla, vista y otros, las profesionales enviaron a Miguel a su primer adolescente a encuestar de la mañana para que le efectuara la segunda parte de la ficha clap. Para mayor privacidad, se fue a sentar a las tribunas del gimnasio con el muchacho, lo prefirió al biombo de tela de género que le destinaron como box improvisado para generar un contexto mas íntimo en el que se había dispuesto que el psicólogo realizara su parte del cuestionario.


Sentado en la butaca lateral izquierda del recinto deportivo, Miguel sacó de su mochila los papeles, el lápiz bic y una planilla de apoyo para tomar la ficha al muchacho de nombre Edgar. Edgar tenía dieciocho años y mucha claridad de querer estudiar odontología. Explorando exhaustivamente por internet, el adolescente determinó tres opciones de universidades privadas si acaso no quedaba en la Universidad de Chile. Dos de esas tres universidades privadas estaban presentes ese día con puestos en la feria. Por eso, Edgar en cuanto entró al gimnasio se dirigió al stand de una de ellas apenas lo divisó, pero en su trayecto fue interceptado por una de las enfermeras del consultorio que le manifestó la necesidad de que cediera unos minutos de su tiempo para realizarse la ficha clap, la petición fue alentada por su profesora jefe que los acompañaba que le dijo a Edgar lo importante que era para su bienestar acceder a realizarse el control, que no todos los días se tenía a gente del consultorio a su servicio.



Al ritmo de “Callaita” de Bud Bunny que retumbaba fuerte en las paredes del gimnasio, Miguel comenzó aplicándole la ficha a Edgar rellenando la primera parte de antecedentes personales; alergias, vacuna, discapacidad entre otros. El muchacho respondía rápido mirando cada tanto el relój pues quedaban veinte minutos antes de que su curso tuviera que subirse al bus que los llevaría de vuelta al colegio.


Con “No me conoce” de Jhay Cortez de fondo, Miguel efectuó las preguntas de antecedentes familiares; enfermedades, problemas de salud mental en la familia, obesidad, antecedentes penales. De rara que es la vida, Edgar que media hora antes entró al gimnasio pensando en que le hablarían de su futuro como estudiante de odontología, terminó hablando de su pasado, de la privación de libertad de su madre desde hacía cuatro años, de la esquizofrenia de su tía, de la obesidad de su padre. 


Lo que menos quería era pensar en el modo en el que sus limitaciones académicas le podían jugar en contra en el exigente contexto de la educación superior.  Pero los fantasmas se asomaron cuando Miguel llegó al ítem educación de la ficha clap donde consignó las dos repitencias de curso de Edgar, el año de deserción escolar que sufrió en cuarto básico y que su rendimiento académico en relación a sus compañeros no era  la opción A, mejor ni la B, igual sino la C, peor. Edgar pudo traer a colación además los episodios sufridos de violencia escolar que tanto daño le habían hecho en octavo básico cuando se le preguntó por el tema. En todo caso, al ritmo del sonido de “Con Calma” de Daddy Yankee que comenzaba a colarse en el recinto, mencionar aquellos sucesos nunca se hacía tan terrible.  




Llegaron a la sección trabajo de la ficha. Hasta ese momento, el muchacho se sentía orgulloso de trabajar en Mc Donnalds los fines de semana y generar un poco de ingresos para sus gastos y para pagarse el preu. Gracias a la ficha, pudo preguntarse si estaba sometido a las peores formas de explotación laboral infantil, o si su trabajo era peligroso e ilegal. Era bueno preguntarse esas cosas de vez en cuando. Repasó en el ítem de vida social su falta de pareja, la cantidad de amigos que tenía y a propósito de heridas de escuela, pudo traer a colación nuevamente el ciberbulling que había sufrido hacía un par de meses. 





Quedaban diez minutos antes de que el bus los pasara a buscar para volver al colegio, Edgar tenía la esperanza de al menos alcanzar a poder ir a los stands y llevarse aunque fuera algún folleto. Por desgracia, cuando llegaron al ítem hábitos de consumo, Miguel demoró un poco más de lo previsto pues tuvo que hacerle a Edgar un cuestionario adicional que por protocolo se hacía a los adolescentes que hubieran declarado en esta parte de la encuesta haber consumido marihuana en el último mes. Edgar admitió haber consumido una bocanada de cannabis hacía tres semanas. Hubo que indagar en eso.



Al fin llegaron al último ítem el cual Edgar contestó con algo de desazón mientras advertía mirando a los stands, que una de las Universidades que estaba entre sus opciones, comenzaba a desmontar su puesto para retirarse. Miguel le preguntó por su imagen corporal y si tenía una vida con proyectos. Mientras lo hacía, alentaba al adolescente a ir forjando su futuro y le daba ánimos para generar metas en la vida. Miguel finalizó preguntándole a Edgar si había pensado alguna vez en suicidarse.
Terminada la entrevista Edgar se fue corriendo al stand de la Universidad que aún no se desarmaba, pero fue detenido por su profesora jefe que le ordenó irse derechito al bus del colegio que había llegado ya a recogerlos. Con tristeza Edgar dio la vuelta y se dirigió a la entrada del gimnasio, pero cuando caminaba la docente le habló de nuevo:

-¡Edgar! ¡Creo que le faltó hacer algo importante!

- El muchacho giró esperanzado de que la profesora, que sabía de su opción vocacional, le daría unos segundos para poder hablar con las personas del stand de la universidad y pedirles un folleto.

- ¡Vaya a darle las gracias a la gente del consultorio pues hombre! ¡No todos los días a uno le hacen un examen integral de salud!

El joven con la cabeza gacha fue a darle las gracias a las enfermeras que concentradas en el recuento de fichas realizadas ese día, le respondieron con una cordialidad desentendida.


Antes de subir al bus divisó a Jordan y a Luis, dos compañeros de curso que no habían entrado a la feria y se encontraban en unos matorrales cercanos al vehículo terminando de fumar un caño. Se acercó a ellos y los jóvenes le dieron la última piteada que Edgar aspiró con ayuda de un matacolas. El efecto de la cannabis lo ayudó a calmar la frustración de no haber cumplido con su cometido en la feria, también lo puso triste y se quedó pegado pensando en su madre, hacía tiempo que no la iba a ver a la cárcel de San Joaquín.